viernes, 21 de marzo de 2014

Las ventajas para un intérprete de romperse un brazo

Como muchos sabréis, además de intérprete también soy traductora y, en resumidas cuentas, usuaria habitual del ordenador. Una de las cosas más útiles que aprendí en mis años mozos fue a escribir a máquina a toda velocidad con las dos manos. 

Durante mis años de traductora, muchos compañeros me hablaron de las bondades de los programas de dictado, pero yo siempre les contestaba que era capaz de teclear más rápido de lo que podía pensar, y que por tanto para mí no constituían ninguna ventaja. 
Además, había oído decir que la curva de aprendizaje de estos programas tiene poca pendiente (es decir, que el proceso es muy lento) y que para sacar un buen provecho de ellos es necesario dedicar muchas horas a su entrenamiento. Por estas y por otras razones nunca me planteé su utilización.


Sin embargo, hace cuatro semanas,  una placa de hielo en la montaña y unos bastones colocados indebidamente me obligaron a cambiar rápidamente de opinión: de repente me vi con un brazo roto y escayolado de tal manera que era imposible utilizar los dedos para teclear en el ordenador. 

Difícil teclear de esta guisa

De todos modos, cualquier leve roce en los dedos ya resultaba doloroso, por lo que pronto me di cuenta que los dedos de la mano derecha iban a pasar una larga temporada en el dique seco.

He de decir que lo primero que pensé cuando me caí fue: «¿cómo voy a trabajar ahora estando lisiada?». Es uno de los aspectos negativos que tiene el ser autónomo con unos gastos fijos nada despreciables: salvo causa de fuerza mayor, el interrumpir la actividad no es una opción viable.

Así que rápidamente empecé a valorar la posibilidad de utilizar un programa de dictado, puesto que tenía 3.000 palabras que entregar al cabo de menos de 48 horas y, al contrario de lo que creí inicialmente, teclear con una mano no es, ni mucho menos, la mitad de rápido que teclear con dos, sino mucho más lento. 

Lo primero que hice fue probar el programa de dictado que incluye Windows 7. 

Interfaz del programa de reconocimiento de voz de Windows
Es un programa muy básico, pero funciona con cualquier programa donde haya un espacio para escribir y el resultado, sin necesidad de entrenamiento alguno, es más que aceptable, al menos como plan B, pues no tenía del todo claro con qué programas de traducción asistida son compatibles los programas de dictado que hay en el mercado. 

A continuación decidí probar un programa de dictado comercial, el que utilizan muchos traductores: Dragon Naturally Speaking v10. Cuál no sería mi sorpresa cuando, tras un curso acelerado de una hora impartido por un alma caritativa al que no le importó trabajar en domingo y una hora adicional dedicada a entrenar al famoso «dragón», empecé a dictar a una velocidad superior a la que alcanzo tecleando con las dos manos, y eso que era un texto científico plagado de números, etiquetas internas y términos a priori extraños. El programa cuenta con una función de corrección, que le permite aprender de sus propios errores, conocer el vocabulario que el usuario utiliza con más frecuencia e incorporar a su diccionario nuevas palabras, tras entrenarlas previamente. 

Interfaz de Dragon Naturally Speaking v10

Todo un descubrimiento. En solo seis horas, con el dragón y unos auriculares USB con micrófono incorporado, conseguí acabar las 3.000 palabras que tenía que entregar al día siguiente. No me lo creía ni yo.

Y ahora diréis: «¿y esto qué tiene que ver con los intérpretes? ». Pues tiene que ver, y mucho. Para que el programa te entienda correctamente no es necesario hablar especialmente despacio, sino que es imprescindible vocalizar y modular bien la voz. De hecho, cuanto más completas sean las frases que elabora el usuario, mejor las reconocerá el programa y menos errores cometerá. Tras varias semanas utilizando el programa a diario varias horas al día, me he dado cuenta de que la modulación de la voz y la vocalización han mejorado y y también de que dictarle al ordenador constituye por sí mismo una estupenda práctica de interpretación, pues equivale a interpretar un discurso leído (excluyendo, claro, la dificultad añadida asociada a la velocidad del ponente) o a hacer una traducción a la vista. En definitiva, horas de práctica diaria de interpretación mientras traduces, escribes correos electrónicos o publicas contenidos en redes sociales… sirve para todo.

Huelga decir que no recomiendo a ningún intérprete fracturarse el brazo para descubrir las consecuencias positivas que puede tener, pero sí que animaría a los intérpretes a utilizar los programas de dictado como una herramienta de apoyo y como un entrenamiento per se. 

Y para muestra, un botón: esta entrada del blog la he dictado en su totalidad (con la ayuda de mi mano buena) y pensarla y escribirla apenas me ha llevado 20 minutos.  Yo diría que merece la pena darle una oportunidad al dragón. ¿Lo habéis probado? ¿Conocéis algún otro programa de dictado que dé buenos resultados? Hasta el próximo dictado…



domingo, 26 de enero de 2014

Interpretar no es como andar en bici. ¿O sí?

La entrada de hoy es una breve reflexión sobre una realidad con la que de vez en cuando me doy de bruces: Interpretar no es como andar en bici.

Pasé un año entero haciendo un curso de interpretación: solo teníamos clase 3 horas a la semana agrupadas en un mismo día, pero había que dedicar mucho tiempo a preparar las interpretaciones que haríamos en clase y, sobre todo, pronto nos dimos cuenta que para mejorar y lograr la progresión que se esperaba de nosotros para poder hacer prácticas antes de que finalizara el curso había que practicar si no a diario, sí con mucha frecuencia. La profesora nos proporcionaba el material que habíamos trabajado en clase para que siguiéramos masticándolo en casa.

El resultado de todo este este esfuerzo continuado fue que a final de curso habíamos adquirido una velocidad y una resistencia mental que nos permitía interpretar bastante más de media hora seguida (creo recordar) sin desfallecer. Por supuesto que las condiciones de clase no son comparables a las condiciones de una interpretación real, pero la base de velocidad y resistencia estaban ahí firmemente ancladas.

Habíamos «aprendido a interpretar» de la misma forma que un niño tras mucho esfuerzo logra «andar en bici sin ruedines» y volar solo, sin necesidad de que su madre o su padre le sujeten la bici y le vayan empujando por detrás desriñonándose.

Tras el aprendizaje inicial, un intérprete puede volar solo pero...

¿Y ya está, con esto ya estábamos preparados para abordar cualquier proyecto de interpretación el resto de nuestra vida, aunque pasemos por periodos de sequía interpretativa?  ¿Interpretar es como andar en bici sin manos, que una vez que aprendes ya nunca se olvida? ¿Es ponerse los auriculares, encender el micro y el discurso sale fluido y sólido sin aparente esfuerzo, siempre que venga respaldado por una buena labor de preparación?

¿Y con esto da por finalizado el periodo de formación y entrenamiento?
¿Es cuestión de coger el micro y dejarse caer cuesta abajo y sin manos?  


Mi opinión es rotundamente que NO.


Según mi experiencia personal, interpretar es casi tan ingrato como correr: puedes haber estado entrenando duro durante un año, que si lo dejas dos meses tus piernas se oxidarán considerablemente, y se requerirá un esfuerzo nada desdeñable (aunque, evidentemente, menor que si partiéramos de cero) para volver a recuperar la forma.

Lo mismo sucede con la velocidad a la que el cerebro procesa la información, la rapidez de respuesta y la resistencia mental: personalmente notaba que cuando estoy un periodo mayor 1 mes sin acercarme a la luz roja del micro (sin tener en cuenta las interpretaciones consecutivas, donde se trabajan otras habilidades) retomar el contacto cuesta, y en ocasiones me daba cuenta de que redunda en los resultados de la interpretación, he de reconocer. No me refiero a resultados desastrosos (¡tampoco te pases!) pero si a unos resultados peores de los que cabría esperar, especialmente cuando la interpretación es EN > ES, que curiosamente es la que mayor concentración me requiere. Y eso a pesar de la investigación y la preparación que siempre realizo de manera concienzuda para cada interpretación.

 ¿Solución al problema? 
Pues en mi caso no me queda otra que practicar. He visto gente que tras 2 años sin interpretar han agarrado el micro y el resultado ha sido excelente, pero uno tiene que ser consciente de sus puntos débiles como primer paso a poner remedio. En mi caso, tratar de interpretar un ratito (con 15 minutos basta) todos los días, lo que sea y sobre el tema que sea. La capacidad de preparar un tema desconocido y de zambullirme en mundos nuevos bajo presión y con plazos cortos la llevo siempre en la mochila, así que en mi caso se trata de mantener fresca la velocidad, la resistencia y la capacidad para dividir mi atención de manera equilibrada entre lo que escucho y lo que digo. Para eso, lo mismo da interpretar a Britney Spears que a un mandatario africano. Cuanto más y más variados sean temas, acentos y tipos de situaciones, mejor.

Hoy en día internet nos lo pone fácil. ¿Mis sitios preferidos? TED. com, un lugar lleno de discursos interesantes, rápidos y fantásticamente bien hilados....
TED.com, paradigma de las charlas bien hiladas

 y, como contrapunto, siempre está bien un discurso de algún político español que se haya dejado el hilo conductor en casa. En YouTube hay miles de ejemplos.
Políticos: siempre difíciles de interpretar, estupendos para practicar

¿Y vosotros, consideráis necesario practicar? ¿Conseguís hacerlo? Es bien cierto que cuesta hacerlo de manera continuada y que no siempre se logra cumplir objetivos. La ausencia de rutina en la vida de un autónomo dificulta la tarea.
Sin embargo, en mi caso hago más interpretaciones consecutivas que simultáneas, con lo que no es raro que haya periodos de varias semanas sin pisar una cabina, y he llegado a la conclusión de que el practicar regularmente es vital para lograr un resultado óptimo.


sábado, 30 de noviembre de 2013

Tres, dos, uno... ¡grabando!

Cada interpretación es un reto nuevo y diferente, y esto es una de las cosas que más me gustan de este trabajo. Esto, poder abrir ventanas hacia mundos que ni siquiera sabía que existían y conocer personas que te dejan poso, te hacen ver la vida desde otra perspectiva distinta y me recuerdan que tengo muy poco de lo que quejarme. La interpretación de ayer lo tuvo todo; fue realmente una de las experiencias más gratificantes que he tenido como intérprete. 

Me avisaron, como es habitual, con menos de 24 horas de antelación: tienes que interpretar en la grabación de unas entrevistas a pacientes con espondilitis anquilosante, una enfermedad reumática autoinmunitaria crónica y sin cura que causa intensísimos dolores de espalda (de la zona lumbar, normalmente) y de otras articulaciones que merma sustancialmente la calidad de vida del que la padece. En muchas ocasiones aparece durante la infancia o la adolescencia, con las consiguientes repercusiones emocionales en una edad en la que lo último que quieres es sentirte diferente y no poder realizar las mismas actividades que tus amigos. 

Más información en http://www.espondilitis.es/ (el de la foto es el guitarrista de El Sueño de Morfeo, que padece esta enfermedad).

  
Para esta interpretación el cliente me facilitó una presentación sobre la campaña de concienciación que están llevando a cabo (y en la que se incluirán los testimonios que íbamos a grabar) y el guión de la entrevista en inglés. Yo lo traduje para llevar parte del trabajo hecho, me estudié a fondo la etiología y los síntomas de esta enfermedad y eché un vistazo a las páginas de las asociaciones de pacientes, que siempre tienen información práctica y van al grano, cosa útil teniendo en cuenta el poco tiempo de preparación del que disponía. Me quedó claro que esta enfermedad es mucho más que un dolorcillo de espalda crónico.


Vistas desde el estudio de grabación
Llegó el día de la grabación: el equipo técnico era británico y los pacientes entrevistados y los responsables de la campaña en España no dominaban el inglés, de ahí que fuera necesaria la presencia de un intérprete. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando me dicen que mi papel va a ser el de entrevistadora: no solo formulo las preguntas a la paciente (sin entrar en plano) siguiendo el guión predefinido, sino que tengo añadir preguntas en caso de que considere que la respuesta es incompleta y, sobre todo, me doy cuenta de que tengo que conseguir que la paciente se sienta relajada, comprendida y a gusto para que el vídeo pueda transmitir optimismo y esperanza a los pacientes que lo escuchen. Después de repetir cada toma unas cuantas veces, me doy cuenta de lo difícil que es no aparecer envarado y artificial en cámara cuando has de contar la misma historia (que resulta ser TU historia) cuatro o cinco vez porque han llamado al timbre, al teléfono, ha pasado una ambulancia o la narración no ha fluido todo lo que debiera. Un diez para todos los que participaron.  
En un momento de la entrevista
Fue emocionante escuchar de primera mano los testimonios de gente que lleva conviviendo con el dolor desde su infancia o desde la adolescencia: años de infiltraciones, de brotes, de faltar al trabajo o al colegio, de incomprensión por parte de su entorno, narrado con la templanza y la madurez que dan un historial tan largo de médicos.
Pero de todos los testimonios, me quedo con el de Pablo. Doy su nombre porque él ha hecho público su testimonio para conseguir que gente que tiene los mismos síntomas que él pueda poner nombre a su enfermedad y detener su evolución, en la medida de lo posible (Se cree que en torno al 70% de las personas que tienen espondiloartritis están sin diagnosticar). Y porque él mismo pide explícitamente dar difusión a su historia.
Su relato emocionado y entusiasta, por haber dado con un tratamiento que le mitiga en buena medida el dolor tras 18 años de no dormir en condiciones, de sufrimiento y de diagnósticos inciertos, nos puso la carne de gallina  a todos, hasta a los británicos que no entendían lo que estaba diciendo. Este es un vídeo que grabó para otra campaña, pero merece la pena escucharle y ayudarle a difundir su mensaje.


Qué gratificante es mi trabajo (no siempre, claro).




domingo, 30 de junio de 2013

Parejas bien avenidas en cabina. ¿Hay una receta infalible?

Buenas, gentes que leen mi blog. Gracias por leerlo, antes de nada. El síndrome del folio vacío me da mucho vértigo pero me obligo a escribir cada vez que tengo un ratito o alguna idea rondando para tener guardadas mis vivencias a modo de "copia de seguridad" de mi memoria y por si pueden resultar de utilidad a algún otro intérprete.

La verdad es que una de las cosas que más me gusta de interpretar es la parte social: conocer gente interesante y variopinta, salir de mi madriguera y, sobre todo, conocer a otros intérpretes y otras formas de trabajar: anima el espíritu y abre mucho la mente.

Mayo y junio han sido unos meses llenos de interpretaciones y de nuevos compañeros de cabina, y este fin de semana, en plena #terp-resaca, andaba yo pensando que he tenido una suerte bárbara porque, en general, a lo largo de estos meses y de mi breve carrera no me he encontrado en cabina más que gente maja, generosa y con ganas de trabajar en equipo.
Aida González, compi de cabina.
La foto del concabinato es mala,
de ahí que repita foto



Yo, por mi parte, siempre intento hacer las cosas bien desde el principio, desde que me comunican quién va a ser mi compañero, e intento ser especialmente cuidadosa cuando es la primera vez que interpreto con alguien y no sé de qué manera concreta aborda un proyecto. Una pareja bien avenida en cabina creo que repercute en el resultado final del trabajo, además de hacerlo mucho más agradable y llevadero. Todo aprendido de mi profe de interpretación, además de algunos aderezos de mi propia cosecha :-).

A continuación voy a detallar cuál es actualmente mi forma de proceder a la hora de preparar y de llevar a cabo un proyecto de interpretación en equipo, y me interesa especialmente saber en qué puntos coincidís conmigo y de cuáles discrepáis...creo que puede ser algo enriquecedor "para ambas partes". :-)

Marco, mi primer compañero de cabina en la vida real
  • En cuanto confirmo mi participación en un proyecto de interpretación simultánea, pido el nombre y los datos de contacto de mi futuro compañero de cabina. 
  • Tanto si he trabajado con él previamente como si no, me pongo en contacto con él por correo electrónico como forma de "romper el hielo" e iniciar los preparativos.
  • Suelo proponer trabajar en equipo, repartiéndonos las ponencias o los temas, cosa que me parece especialmente útil en congresos largos o cuando se nos facilita ingentes cantidades de información. Evidentemente el que se prepara un tema lo absorbe mejor que el que parte de un material preparado por otro, pero en una jornada con 25 ponencias (como fue el caso del Gamification World Congress) me parece fundamental no duplicar esfuerzos.
  • Últimamente me he acostumbrado a abrir una carpeta en mi ordenador que comparto con el otro intérprete utilizando Dropbox. Ahí podemos meter ponencias comentadas o subrayadas, documentación adicional, referencias que hayamos encontrado, biografías de los ponentes, y el/los glosarios que vayamos elaborando. Creo que ha resultado bastante útil.
  • Por supuesto, entiendo que esta manera de prepararse una interpretación puede no ser del agrado de todo el mundo: puede que haya gente que prefiera abordar la preparación del tema en solitario y que la puesta en común se produzca en cabina. A mí me parece más fructífero repartirse labores y compartir conocimientos desde el minuto cero, pero hay que respetar otras posturas.
  • Me gusta llegar al lugar de la interpretación entre media hora y una hora antes de que empiece el evento, independiente de que sea yo o sea mi compañero el punto de contacto con la organización. Me ayuda a hacerme con el lugar, permite conocer a los técnicos, hacer pruebas de sonido, conseguir las charlas de los ponentes rezagados, hablar con los organizadores y relajarse en la medida de lo posible antes de empezar. Y si me puedo tomar un café con mi compañero de cabina, mejor que mejor.
  • Me parece fundamental aclarar con el compañero antes de empezar TODO aquello que puede dar lugar a malentendidos o a situaciones incómodas: 
Tratemos de no acabar así en cabina ...

  1. Cada cuántos minutos/cada cuántas ponencias vamos a cambiar.
  2. Si los turnos son o no flexibles; hay a gente  a la que le gusta encender el cronómetro y ceñirse a eso.
  3. Si durante tu turno te gusta o no que te hablen en bajo o que te escriban en una hoja datos importantes, cifras, etc. o si prefieres aislarte y no ser molestado para poder concentrarte mejor. 
  4. Cómo se realiza el cambio de turno.

  • Yo cuando no estoy interpretando, en general, prefiero estar atenta a la ponencia, buscar términos complicados o escribir cosas en un folio a mi compañero (eso me ayuda también a no perder el hilo, cosa harto complicada según en qué ponencias) pero hay gente que se pone nerviosa con tanto movimiento y prefiere que le dejen tranquilo. Totalmente respetable.
  • Normalmente intento no ausentarme demasiado de cabina salvo para ir al servicio e intento estar "a lo que estoy", evitando contestar emails o similar. Salvo en un caso excepcional: cuando tenemos la seguridad de que nadie nos escucha y el compañero o yo interpretamos de todos modos (cosa que, por seguridad y por propio beneficio, yo hago siempre): ahí me permito alguna que otra licencia, lo reconozco.
  • Cuando la colaboración ha sido fructífera y agradable, trato de dar las gracias en el momento y haciendo uso de las redes sociales.
    Cuando alguien es un buen compañero de cabina, me parece importante darle el reconocimiento público que se merece (es de bien nacidos ser agradecidos, que decía mi progenitora).
Y esto es todo por hoy: esta es mi forma de abordar una interpretación, siempre con la intención de que el resultado sea el mejor posible y de hacerle la vida agradable a mi compañero de cabina.
¿Alguna pauta o algún consejo más que se me haya quedado en el tintero? 

domingo, 23 de junio de 2013

Trabajar en equipo...sí, al intérprete también le gusta

Desde que uno empieza en la profesión de intérprete si hay una cosa que tiene claro es que tendrá que aprender a sacarse las castañas del fuego.

No nos podemos quedar quietos.
Toca sacar las castañas del fuego, sea como sea.

En muchas ocasiones te llaman para interpretar la víspera, te proporcionan el tema sobre el que vas a interpretar y poco más, las ponencias (si las hay) llegan a tus manos un par de horas antes de interpretar (si es que llegan) y, en muchas ocasiones, uno se encuentra con que el ponente decide cambiar de tercio casi sobre la marcha e incluso improvisar ("porque tengo mucho gracejo y se nos da fenomenal hilar un discurso improvisado en público").

En muchas ocasiones fallan los canales de comunicación con el resto de implicados en el evento por diversos motivos: algo de desidia, demasiados intermediarios, falta de organización, etc.

Y todo eso acaba repercutiendo en la calidad final de la interpretación, por mucho que una se parta los cuernos buscando información y noticias, tirando de los pocos hilos que tenemos, elaborando glosarios medio a ciegas y estudiando sin un rumbo marcado y poniendo en común con tu compañer@ de cabina la poca información lograda.

Y lo peor es que uno tiene la sensación de estar navegando contra corriente, cuando todas las partes implicadas deberían estar más que interesadas por que el mensaje le llegara claro y sin ambigüedades al público asistente o a los interlocutores.
A veces un intérprete se siente como el patrón de este velero...

Por eso...

Cuando recibes un encargo para una interpretación tan apetecible como el #GWC13, con más de un mes de antelación, el trato es exquisito, el regateo inexistente, se te escucha a la hora de proponer alternativas (consecutiva/simultánea), el cliente se esfuerza al máximo por hacerte llegar todas las ponencias con suficiente antelación, te convoca a una reunión previa para analizar si la ubicación de las cabinas es óptima, te hace sentir parte del equipo y te da visibilidad antes incluso de la interpretación, te pregunta durante el evento en varias ocasiones si hay algún problema y cuando termina te transmite su satisfacción y las felicitaciones de otros asistentes por un trabajo bien hecho...¡Esa sensación de plenitud por un trabajo en equipo bien hecho no tiene precio!

(Y si encima tu compañera de cabina es la mejor concabina que se puede tener, ¡para qué quiero más, ¿verdad, @aidagda :-) ?!)

Y si además tienes la suerte de  interpretar al Hombre de Negro como embajador del maravilloso proyecto que es JUEGATERAPIA...¡un sueño!

Concabinas @aidagda y @EstherMorenoB agotadas
tras 12 horas de interpretación
Así que no me queda más que agradecer a @javimonsalupe y a @gamkt por ser los protagonistas verdaderos de mi historia de hoy. ¡Ha sido un verdadero placer trabajar con vosotros! ¡Unos profesionales como la copa de un pino!

¡Muchísimas gracias!


Espero que nos veamos en el #GWC14.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Simultaneando en soledad

Como siempre, voy a partir de una anécdota que me sucedió hace un par de semanas para lanzar una pregunta a los lectores. Cada vez es más frecuente que los clientes (sean estos agencias de interpretación, empresas de sonido, organizadores de eventos o clientes finales) pidan un esfuerzo para lograr un presupuesto lo más ajustado posible.


Entre las peticiones que más a menudo vengo escuchando está la de sustituir, en una interpretación simultánea, al compañero de cabina por una silla vacía, que cobra menos y se queja menos. Cuando se trata de presupuestar una jornada completa o incluso una media jornada, mi decisión es tajante: no se puede interpretar sin compañero sin correr el riesgo de perecer en el intento. 

En general, en interpretación simultánea se van turnando los intérpretes cada 20 - 40 minutos, dependiendo de la duración de la ponencia, de la complejidad del tema, de la velocidad del ponente y de lo cansado que se sienta uno: siempre es mejor cederle el testigo a tu compañero que aferrarte al micrófono aunque seas consciente de que, por la razón que sea, en ese momento no estás dando lo mejor de ti misma.

Sin embargo, el dilema se me plantea cuando me sugieren interpretar dos horas seguidas, en una situación a priori propicia para lograr una interpretación de buena calidad. En el caso concreto que quiero narrar, se trataba del último día de unas jornadas europeas sobre teatro, en las que se mezclaban charlas teóricas con talleres prácticos donde se animaba al público a participar en inglés. Los dos primeros días mi compañera y yo nos familiarizamos con los términos de teoría del teatro que deseaban analizar, con los ponentes (se iban repitiendo), con el equipo y los técnicos de sonido y con el hecho de encontrarnos en una sala separada del anfiteatro donde se desarrollaba el encuentro, lo que nos obligaba a seguir todo a través de un monitor de TV.


¿Podía encargarme yo sola de la interpretación el último día, que constaba únicamente de dos horas? Pues dije que sí. Y salir, salió bien, pero creo que el riesgo que se corre es demasiado grande como para obviarlo en la próxima propuesta de este calado que reciba: 
  • Tres minutos antes de empezar el técnico de sonido me tiró el café en la mesa (y en el pantalón). Mi ordenador (donde estaba todo mi material de referencia) recibió salpicaduras de capuchino, pero si llega a darle con un poco más de garbo me quedo con una mano delante, y otra detrás (sí, hay que llevar los glosarios impresos).
  • Olvidé la máxima de los intérpretes solitarios: visite a Roca antes de comenzar. En este caso, se encadenaros 2 ponencias de una hora sin pausa, los servicios estaban 2 plantas más abajo y los últimos 75 minutos estuve...digamos...arrepintiéndome de no haber prestado más atención a dicha máxima. 
  • Como digo, justo el día que estaba sola los ponentes se centraron en teoría, en los libros de Aristóteles sobre el teatro y en los aspectos más filosóficos del mismo y no hubo ni una mísera pausa en las dos horas que estuve interpretando, ni apenas intervención del público. No solo sufre la voz; también las neuronas. La última media hora no tengo reparo en admitir que la calidad de la interpretación se vio ligeramente afectada, cosa que no me hizo ni pizca de gracia, obviamente;  parece que los humanos tenemos un límite, sí.
¿Y vosotros, qué hacéis en una situación así? ¿Habéis tenido alguna experiencia desagradable al respecto? Me gustaría conocer la opinión de otros intérpretes, porque es una encrucijada ante la que nos vamos a encontrar cada vez con más frecuencia, me temo. 





viernes, 24 de mayo de 2013

Se levanta el telón...y aparecen dos intérpretes

En contra de lo que pudiera parecer, la entrada de hoy no tiene nada que ver con los encuentros teatrales que estuve interpretando la semana pasada, no.

La interpretación de hoy era mucho más compleja, pues era una interpretación médica en unas jornadas que reunían a los especialistas españoles de una enfermedad de la sangre de las llamadas «raras» por haber un número muy reducido de casos. La terminología y el campo son complicados y había que lucirse porque estábamos frente a los expertos en la materia, el glosario que habíamos ido elaborando mi compañera de cabina y yo era kilométrico, pero la mayor dificultad a la que me he tenido que enfrentar no ha tenido nada que ver con las ponencias en sí, sino con las condiciones en las que se ha desarrollado la interpretación.
Cuidado, que lo mismo que me ha pasado a mí te puede pasar a ti, así que mejor poner remedio antes de que te veas en una tesitura así.



La sala donde interpretábamos era recogida y coqueta. Nos avisaron de que debido a sus especiales características el sonido reverberaba bastante. No hay problema: encerradas en nuestra cabina estaremos suficientemente aisladas, pensamos. Luego nos dijeron que la cabina estaría situada en lo alto de la sala, donde solo hay un estrecho pasillo similar al que rodea a media altura la nave de una catedral. En un pasillo así la cabina cabe malamente, pero somos chicas prácticas y nos adaptamos a las circunstancias. Con lo que no contábamos es con que la estrechez fuera tal que impidiera instalar puertas en la cabina. El primer paso fue convencer a los organizadores de que en tales circunstancias, era poco recomendable que hubiera asistentes sentados cerca de nosotras.  Una vez visto que todos los asistentes tomaban asiento en el piso inferior, respiramos aliviadas, pero por poco tiempo. 
Yo siempre interpreto utilizando ambos auriculares, y tengo una tendencia natural a elevar el volumen de la voz, siendo el aumento directamente proporcional a la velocidad del ponente y a la complejidad de la temática. Vamos, que empecé a interpretar al ponente griego y estaba hablando alto, bastante alto.  Mi compañera me hacía señales para que bajara la voz, yo lo intentaba unos seguros pero enseguida volvía a concentrarme en los ensayos clínicos descritos, las tasas de respuesta, los acontecimientos adversos... Hasta que de repente veo que viene una persona y cubre la parte trasera de la cabina con una especie de telón de teatro, y que trata de fijar el telón a ambos lados de la cabina, convirtiéndola en un horno y de paso impidiendo nuestra salida sin molestar al compañero. Ahí empiezo a sospechar que algo va mal, sospecha que se ve confirmada unos minutos después cuando mi compañera, presionada por los organizadores, apaga tímidamente mi micrófono y prosigue ella con la interpretación. Sí, mi interpretación estaba molestando a algunos asistentes, quienes se habían quejado airadamente. Una vez que mi compañera me hubo explicado lo sucedido, y tras unos momentos de desazón y de preocupación, no me quedó otra que proseguir la interpretación utilizando únicamente uno de los auriculares, de modo que pudiese escuchar mi propia voz y lograr controlar mejor su volumen. Esta forma de interpretar la había probado alguna vez en el pasado, pero había llegado a la conclusión que era imposible concentrarme en el discurso del ponente si oía mi propio discurso a un volumen similar. Pues bien, éste es otro de esos ejemplos de que uno no conoce sus límites hasta que no le ponen a prueba. Ahora ya sé que puedo hacerlo. También sé que me cuesta más concentrarme, que prefiero aislarme de mi propia voz utilizando ambos auriculares, pero la próxima vez que sea fundamental modular la voz y adaptarla a un recinto con condiciones poco propicias para la interpretación, podré hacerlo. 

Desde luego, preferiría haber conocido las condiciones de antemano y haber practicado la interpretación «monoaural» de antemano, así que la moraleja de hoy es esa: prueba en casa a interpretar con un solo auricular bajando la voz al máximo, no sea que en un futuro os encontréis en una situación parecida. ¿O soy la única que interpreto en modo «biaural» es la mejor opción?

PS - Gracias mil a mi compañera de cabina por ser tan remajísima y por haber capeado el temporal de la mejor manera posible. #terpLove.